lunes, 19 de noviembre de 2012

LAS BOTAS YA SON PARTE DEL CAMINO - Parte 1



Como muchos cuentos o historias esta también comienza en un albergue, sí amigos, en un albergue.

Aquella noche mientras cenábamos vimos las noticias del tiempo y la verdad no eran muy buenas, se aproximaba un temporal y tan solo quedaba  un día para que este llegara.

Con las noticias aprendidas decidimos acostarnos, después de un rato dentro del saco me di cuenta que éste solo no era suficiente, el albergue es grande y al estar Maria y yo solos hacia aun mas frío, gracias a que Pau nos dijo donde estaban las mantas esa noche no pasamos frío.

La noche fue de lo mas normal, tan solo miré el móvil para ver la hora unas 10 veces…o tal vez alguna mas…tengo ese defecto, siempre que comienzo un camino los nervios no me dejan dormir y claro al día siguiente estoy como los sonámbulos.

Sonó el móvil y la hora de levantarse, lo primero que hice fue salir a ver que día hacía, ahora hay niebla por lo que poco puedo ver, después puse la leche a calentar y al aseo matinal.
Con todo listo salimos al camino.

Los primeros 5 kilómetros los pasamos empujando, siempre lo hacemos pero esta vez mucho mas, por el camino miraba cada barrizal, cada trozo de tierra sin hierba…buscando lo que no encontré, sí amigos estoy hablando de huellas, de huellas de botas de peregrinos, no sólo no había huellas si no que nosotros  en algunos momentos dudábamos que hubiese camino.

Por fin llegamos al primer pueblo, o quizás mas bien aldea, un panadero con una furgoneta se detenía  y tocaba  una corneta avisando de su llegada, al abrir las puertas traseras el buen hombre llevaba media tienda dentro, por lo que buscar una tienda en el pueblo sería imposible o mas bien inexistente, tras 3 horas para hacer 4 kilómetros,  teníamos ganas de comer algo…pero, aquí sería imposible, por lo que seguimos nuestro camino.

El día fue abriendo y el sol se hizo paso entre la niebla, ahora el verdor de la hierba húmeda luce mas intenso y un nuevo camino nos guiaba a nuestro destino.

Comenzamos a subir y subir y a empujar y empujar…como si aquello no acabara nunca, cuando llegamos a la cima bajamos también sujetando la bici pues era muy peligroso montarse, el camino siguió nuevamente mas duro, mas cerrado, mas salvaje…yo insistía en buscar huellas, huellas de botas de peregrinos, pero nada, parece que hace mucho tiempo que por este camino no pasa nadie, tal vez años.

Lejos de carreteras, de poblaciones y metidos en un bosque muy cerrado pero muy bello, las zarzas nos castigaban, sus púas nos arañaban, nos hacían sangrar, como tratando de impedir nuestro avance.
Era como un camino misterioso, en cada paso había  un nuevo obstáculo que te impedía seguir, en mi mente y por un momento, pensaba, ¿que hacemos aquí?, esto es una locura, ¿estaremos en el camino? , ¿Que camino?, ¿Donde está el camino?  ¿Acaso es esto lleno de zarzas, con palos y ramas cruzando de lado a lado?, ¿dónde está el sendero?….nada todo fueron preguntas sin respuestas.

María se adelantó mientras yo la seguía detrás, de pronto empezamos a ver todo distinto, entramos en una zona con abundante musgo, con mucha hierba, flores, los troncos de los árboles lucían un verdor intenso, rodeados estos de enredaderas.

Me detuve para ver bien aquel lugar, estaba fascinado… describirlo sería imposible….al fondo María seguía empujando y entre tanta maleza tan solo unos metros eran suficientes para no verla…miré y miré al suelo y no había  huellas por ningún lado….

Cuando levanté la cabeza, no me lo podía creer…allí estaban dos botas colocadas en unas piedras encima de una manta de musgo, miré para todos lados y no había nadie, las botas estaban allí pero  no había nadie, di varias voces, y el resultado fue un movimiento de arbustos producido por algún jabalí o ciervo.

De nuevo miré las botas y miré el suelo, no había huella alguna, y la única manera de llegar allí era este camino, mi cabeza estaba en un mar de dudas, entonces toqué las botas y estaban casi nuevas. Introduje  los dedos en una, la toqué por dentro y estaba caliente, como si estuvieran recién quitadas de los pies, la intriga me carcomía, después sentí la necesidad de meter la mano en la otra y con las yemas de los dedos sentí ese calor interior.

No podía creerlo, era como si se las acabaran de quitar…de pronto me di cuenta que María estaba sola en ese bosque y me apresuré a alcanzarla, antes miré las botas por ultima vez, allí colocadas de cara al camino en el lado derecho y a la altura del pecho, avancé unos metros pero algo me hizo detenerme, tuve la necesidad de volver al lugar donde estaban las botas…..¿qué misterio es este?, ¿qué tengo que ver?, ¿Y qué no veo?, miré y  miré,… pero nada…de pronto me di cuenta que aquel lugar era distinto, parecía como sacado de un cuento, el silencio era tal que podía oír las pequeñas gotas caer del rocío, una pequeña brisa agudizó mi olfato y podía oler fragancia de pequeñas flores, podía oler a pino, a eucaliptos, a madera húmeda y a musgo.

Parecía un lugar encantado, un lugar donde el tiempo no había pasado, era como si las botas llevaran  allí años, manteniendo el calor de los pies del peregrino, como si el tiempo no corriera en ese lugar, miré al cielo y se veían como estrellas, no eran tal sino pequeñas entradas de luz del sol entre las hojas del bosque, y en este lugar se podían ver mejor,

En aquel lugar todo se magnificaba, te invitaba a estar allí, quieto contemplando aquella belleza, pero mi vista siempre regresaba  a las botas…no entendía el mensaje, ¿como es posible que las botas tuviesen calor por dentro?, era como si las acabasen de dejar segundos antes, y al mismo tiempo me sentía observado, pero miraba a todos lados y no veía a nadie.

Me alejé de ese lugar, alcancé a María y el día trascurrió como habíamos planeado, mas agotados de la cuenta… pero orgullosos de nuestra hazaña, llegamos de noche a nuestro destino por lo que no tuvimos casi tiempo, acababa aquí otro camino mas en nuestra larga lista.

Nuestro retorno al albergue fue gracias a un gran amigo que tengo en esa comarca que nos fue a recoger.

Ya en el pueblo, este amigo  pasó antes por su casa y nos regaló unos sanandrines,  pues al llegar de noche no los pudimos comprar, después nos llevó al albergue y mientras preparábamos la cena y durante la misma, estuvimos hablando del camino. Podéis creerme si os digo que no recuerdo nada de lo que allí hablamos, mi mente estaba en otro lado, por supuesto no dije nada de las botas por que era muy difícil de explicar y mucho mas de que me entendieran ….ese tiempo pasó en blanco para mí, pues todo ese tiempo mi mente estaba pensando en las botas del peregrino, en ese calor interior que las botas tenían en ese lugar….tanto que me fui a al cama  obsesionado, ¿quien podía dejar en ese lugar unas botas nuevas? ,? Porque tenían ese calor interior ¿y ¿por qué ese lugar era tan diferente?, ¿era mágico, algo sobrenatural donde todo cobraba mas vida?…preguntas y mas preguntas, todas ellas sin respuestas.

Esa noche ocurrió algo que voy a intentar contar… pero eso queridos amigos será… en  el siguiente y ultimo capitulo. No te pierdas el desenlace.

3 comentarios:

  1. Jose H. 10 de diciembre de 2011 02:26
    Gracias por este maravilloso cuento, me ha transportado al camino, felicidades es una historia preciosa.

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  2. Elena Flores7 de octubre de 2012 23:02
    EXCELENTE AMIGO MANUEL ROSSI, GRACIAS POR ESTE GRAN APORTE A LOS MOMENTOS QUE NOS TOCA VIVIR EN EL CAMINO... A LA ENSENANZA DE LA PERCEPCIÓN INTERIOR DE LO QUE PASA A NUESTRO ALREDEDOR A TODOS LOS NIVELES EN EL TIEMPO Y EL NO-TIEMPO... ME TRANSPORTA A DAR RIENDA SUELTA A MIS VIVENCIAS PEREGRINAS Y ME PREGUNTO DONDE ESTA LA FRONTERA ENTRE LA REALIDAD... LA FANTASIA Y LA HISTORIA.... FELICIDADES ERES GRANDE ENTRE LOS GRANDES.... TU SIEMPRE AMIGA PEREGRINA HASTA EL FINAL DE LOS TIEMPOS. Mauxi

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  3. que bonito y que transparente enn tu relato me gusta mucho,
    enhorabuena.
    Felicidades.

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