Estoy
durmiendo y oigo una música lejana que poco a poco va aumentando… Alegría
Alegría
como un destello de
vida
Alegría
llorar como un paso
Alegría
el grito criminal
dolor hermosa rugiente,
Seren
A medida que la furia
del amor
Alegría
como un asalto de
alegría
Alegría
veo una chispa de la
vida brilla
Alegría
He oído cantar a un
trovador joven
Alegría
grito rugiente hermosa
de alegría y tristeza,
sé extrema
hay un amor en mi furia
Alegría
un sentimiento alegre,
mágico
Alegría
como un destello de
vida
Alegría…
Abro los
ojos y en la litera de al lado mi amor, mi vida, mi María, también comienza a
despertarse, en sus oídos entra… Alegría…
Con este bonito despertar comienza nuestro Camino de Navidad.
Minutos después nuestro olfato es despertado también con un suave olor a pan recién tostado, en la pequeña habitación solo estamos María y yo pues Luis nos puso lejos de Javi un peregrino roncador.
Es el primer día y tenemos todo revuelto, los nervios no nos dejan ni un segundo, es imposible colocar todo antes de las 8, la hora del desayuno, por lo que salimos al comedor. Según caminamos por el pasillo la música sigue aumentando “Alegría”, “Alegría”, en unos minutos estábamos con Javi compartiendo los primeros minutos en el camino y un suculento desayuno que Luis nos había preparado.
El desayuno se alargó bastante con una amena charla, tal vez porque fuera está lloviendo, o porque hoy la etapa es corta.
Pero todo en
esta vida tiene un principio y un final, poco después nos despedíamos y
salíamos al camino.
Los primeros pasos fueron calle arriba en busca del siguiente pueblo. En las ventanas vemos los típicos muñecos de papa Noel, estamos en Navidad y eso se nota hasta en el camino.
La subida para llegar a Galicia se hizo dura como siempre, cada vez llovía más y el camino comenzaba a tener agua cada vez más agua.
La primera parada fue en casa de Marsel, esperando ver a Marta pero la suerte no estuvo de nuestro lado y nos recibió Peter, este se encontraba pelando ajos para hacer una maceración de ajo y vino, aun así nos preparó unos tés de hierbas que nos calentaron el cuerpo.
Más tarde continuamos el camino y pasamos la Laguna de Castilla, buscábamos ya el mojón de Galicia viendo a nuestro paso un paisaje maravilloso, el verdor de las praderas con nieve, las nubes bajas como polvo, iban de un lado a otro dejando ver entre ellas los valles con un paisaje invernal llenos de matices.
Con nieve por el camino entramos en Galicia, nos acercábamos a un pueblo emblemático en el Camino de Santiago, antes de llegar oímos las campanas de la iglesia Santa María de Ocebreiro, así llegamos a este pueblo con olor a humo de leña quemada en las chimeneas, la nieve y el hielo está por las calles. Al entrar vimos a Roberto, antes cura de Herbón, después entramos en la iglesia para poner unas velas.
La tarde
pasó muy rápida, ya que anochece muy
pronto, poco a poco se fueron encendiendo las escasas luces de este pueblo y la
oscuridad y el frío se hicieron los dueños de ese lugar.
La noche en
el albergue fue muy calurosa, tanto que secamos las botas y ropa mojada.
Esa mañana
aún de noche un peregrino amigo nuestro quiso despertarnos y casi lo consigue,
nuestro amigo Lluís sería parte de este cuento peregrino.
Con lluvia,
frío y mucho viento dejamos atrás Ocebreiro, el camino nos lleva a Liñares,
Alto de San Roque, Hospital y poco después Alto del Poio, allí una visita
obligada para ver a la señora Remedios.
Nuestro
camino continuó hasta Triacastela, al albergue Oribio, esa noche fue algo
especial pues Elvira sacó una botella de licor de café y todos brindamos por el
Camino en la Navidad.
A esas horas en la calle caía un diluvio, no paró en toda la noche y por la
mañana salimos con él como compañero de camino.
La etapa fue pasada por agua, al rato de salir ya se podía oír el choc, choc de las botas al caminar, una breve parada en casa de nuestro amigo Antonio el Alquimista y seguimos caminando con todo cerrado. El destino final fue Sarria, la llegada al albergue fue muy deseada, pues estábamos deseando quitarnos todo lo mojado que llevábamos desde que comenzamos.
Después de
hacer varias llamadas pude comprobar que todos los bares de Sarria cerraban muy
pronto pues era Nochebuena y todos quieren estar con la familia, entonces
pensamos en comprar algo en el supermercado, incluso un bar cercano nos hacía
algo para cenar, eso sí antes de las 9
pues a esa hora cerraban.
Parecía que
esa sería nuestra cena, o tal vez no.
Mientras
todos descansaban en el albergue fuimos como otros años a ver a nuestros amigos
del restaurante Anduriña, para desearles una feliz Nochebuena y una feliz
Navidad.
Nada más
entrar por la puerta Mendoza nos dio un abrazo y avisó corriendo a Ana, ella
salió corriendo para abrazarnos, enseguida nos enseñó la mesa que tenían
preparada para la cena de esa noche tan familiar.
Entonces
ocurrió algo inesperado, algo tan bonito que solo podía pasar en un cuento de
Navidad.
Aún recuerdo
esas palabras como si de uno más de la familia se tratara.
Ana – ¿dónde
estáis?
Rossi- en el albergue de la Xunta.
Ana – pues
no se hable más esta noche cenáis con nosotros, así os conocen todos.
Rossi – Ana
no podemos hacer eso, vosotros tenéis una cena familiar y nosotros solo somos
amigos.
Ana- de eso
nada esta noche cenáis con nosotros.
Rossi – de
verdad Ana, no podemos pues tenemos que estar antes de las 10 en el albergue,
pero además un buen amigo está con nosotros y no podemos dejarle solo en una
noche como esta.
Ana – bueno
pues vamos a hacer una cosa, venís antes con tu amigo y os pongo la cena antes,
lo mismo que cenaremos nosotros.
Rossi – de
verdad te lo agradecemos, pero nosotros no podemos molestar en esta noche y
menos a vosotros.
Ana- no
Rossi no molestáis, estaría encantada de que estuvierais esta noche con toda mi
familia, mi madre, mi suegra Taty, Lucia, todos.
Rossi – no
sé qué decir Ana, de verdad que no tengo palabras.
Ana- no se
habla más, a las 9 venís y os ponemos la cena, así para las 10 estáis en el
albergue.
El cuento de
Navidad ya tenía protagonistas, una familia que nos quería dar el calor del
hogar de los suyos, el calor de la Navidad de esa noche en la que la familia se
junta para ser felices.
Nos
despedimos y fuimos al albergue, le contamos a nuestro amigo Lluís que esta
Nochebuena cenaríamos en casa de unos amigos que viniera con nosotros en esta
noche tan especial, que no íbamos a un lugar donde pudiéramos pedir lo que
quisiéramos, si no a un bar donde nos pondrían lo mismo que cenarían ellos.
Y así llego
la hora de la cena, fuimos por la calle que todos los peregrinos cogen para
salir de Sarria y al llegar al bar Anduriña vimos que estaba cerrado, solo
estaba abierto para los familiares.
Entramos y al lado derecho había una mesa puesta con mantel navideño, con cubiertos para tres personas.
Entramos y al lado derecho había una mesa puesta con mantel navideño, con cubiertos para tres personas.
En seguida
vimos a Taty y nos presentó a la familia…
Todo parecía
como un cuento de hadas o como un cuento de esos que ves en las películas de
Navidad, donde los que pueden ayudan a los que lo necesitan.
Enseguida se
acercó Mendoza y nos llevó a la barra, allí desconchó una botella de ribeiro
afrutado y nos sirvió unos tazas,
aquello estaba buenísimo.
Minutos después pasé a la cocina y Ana me enseñó lo que cenaríamos, era exactamente lo mismo que tenía para su familia para la cena de Navidad, una sopa de marisco que tenía una pinta buenísima, un cordero asado en horno de leña en la panadería y un redondo de ternera gallega hecho con mucho amor por una buena cocinera como es Ana.
Después nos
dijeron venga a sentarse que tenéis que cenar y como si fuéramos reyes o
príncipes nos fueron sirviendo la cena.
Después de la exquisita sopa, se acercó de nuevo Mendoza y desconchó otra botella para la carne, exquisito vino para acompañar una deliciosa carne, la ternera era un manjar, se deshacía en la boca y el cordero para que os voy a contar… imaginaros asado en leña… uhmm. Una ensalada con distintas lechugas, canónigos y llevaba hasta el fruto de las granadas, un toque rojo y dulce que daba un sabor especial.
Después de la exquisita sopa, se acercó de nuevo Mendoza y desconchó otra botella para la carne, exquisito vino para acompañar una deliciosa carne, la ternera era un manjar, se deshacía en la boca y el cordero para que os voy a contar… imaginaros asado en leña… uhmm. Una ensalada con distintas lechugas, canónigos y llevaba hasta el fruto de las granadas, un toque rojo y dulce que daba un sabor especial.
Así fuimos cenando siendo en cada momento agasajados ofreciéndonos más comida, mas bebida, y algo que no nos hubieran dado en ningún otro lugar, igual que en nuestra propia casa….CALOR FAMILIAR.
Era nuestra
cena inolvidable, la cena del día 24 de diciembre acabó con turrón, café con
leche y licores.
El reloj corría en nuestra contra pues teníamos que estar en el albergue y por otro lado dejar que esta grandísima familia tuvieran la cena de Navidad.
Para entonces Lluís ya se había marchado para estar dentro y poder abrirnos la puerta.
Antes de despedirnos le dije a Mendoza,
El reloj corría en nuestra contra pues teníamos que estar en el albergue y por otro lado dejar que esta grandísima familia tuvieran la cena de Navidad.
Para entonces Lluís ya se había marchado para estar dentro y poder abrirnos la puerta.
Antes de despedirnos le dije a Mendoza,
-dime lo que te debo, la cena estaba buenísima,…
- él me respondió: somos nosotros los que estamos agradecidos de haberos dado de cenar esta noche y no me tienes que pagar nada Rossi ¡ojala puedas venir al año que viene y esa vez cenaremos todos juntos!
Nosotros tras los licores nos fuimos despidiendo de las abuelas, tíos y nietos…y cómo no, de estos tres ángeles del camino…Mendoza, Ana y Taty.
Al salir a la calle vimos que estaba todo cerrado, que éramos unos afortunados por lo que nos acababa de pasar.
Miré el bar por fuera y el cartel que cuelga de la pared “ANDURIÑA”.
María y yo nos abrazamos, para nosotros fue como un milagro, como algo que solo los ángeles pueden dar, que solo los ángeles pueden ofrecer, dentro había tres ángeles que nos hicieron sentir más cercanos, mas humanos, más queridos… que fueron nuestra familia.
No por tener más se es mejor persona, estas bellísimas personas dan lo que tienen, comparten su comida de la mejor forma que saben con cariño y amor.
A veces no
nos damos cuenta que lo que aquí tenemos, negocio, coches, dinero, etc…no nos
servirá de nada, solo es material, que en nuestro último camino no podremos
llevar. En ese camino en el último solo llevaremos lo que no se ve, no se toca,
llevaremos lo que hemos vivido en el camino de la vida.
Así nos
fuimos alejando María y yo, camino del albergue abrazados con lágrimas en los
ojos, lágrimas de felicidad, esas lágrimas que solo esos momentos vieron la
luz, la misma luz que desprendían estos
ángeles del camino.
La noche en el albergue pasó lenta con mucho calor y poco a poco el sueño se apoderó de mí, poco después comencé a soñar y en mis sueños veía a una peregrina pasando por la calle principal de Sarria, al pasar por la misma puerta la peregrina se detuvo y me hacía señas como queriéndome decir algo, después la peregrina se desvaneció…
Con el ruido
del despertador comenzaba un nuevo día en el camino y cual sería mi sorpresa,
cuando pasaba por ese mismo lugar me di cuenta que la peregrina de mis sueño
era María, no sé si ella soñó algo… pero al pasar por ese lugar nos emocionamos
y el brillo de los ojos se dejó ver en ambos.
Gracias a la
familia Anduriña por acogernos en su casa como si de sus hijos se tratara.
Agradecimiento
especial para Ana María, Mendoza, Taty y
para toda la familia por tratarnos y cuidarnos tan bien y gracias por hacer posible
este cuento de peregrinos navideños.
La magia del
camino existe gracias a personas como vosotros.
“No busques nunca un
milagro en el camino, unos ángeles pues nunca los encontraras, pero si vives el
camino con corazón los ángeles te encontraran.”
Manuel Rossi











